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Carta de Pepe Alonso para el mes de marzo

Miami, marzo del 2020

“El que oculta sus delitos no prosperará, el que los confiesa y cambia, obtendrá compasión.” Proverbios 28, 13

He querido principiar estas breves lineas con la Palabra de Dios, ya que en estos días cuaresmales nos conviene hacer un breve examen de conciencia, ya que el Sacramento de la Reconciliacion, la Confesión es una de las metas mas importantes que podemos proponernos.

Me contaron de un hombre que tenía un grave problema de miopía y que se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo a la hora de vociferar sus fuertes críticas. Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo: "El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto".

El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: "Querido, ¡¡¡estás mirándote a un espejo!!!". Muchas veces nuestras propias faltas, las cuales tardamos en reconocer y admitir, parecen muy grandes cuando las vemos en los demás. Debemos mirarnos en el espejo más a menudo, observar bien para detectarlas, y tener el valor moral de corregirlas; es más fácil negarlas que reconocerlas. Por eso, es necesario dejar a un lado el orgullo, pues sólo con humildad podremos ver nuestros defectos y corregirlos.

Tratemos, pues, de un pecado muy común, aun entre “muy cristianos”, y en el cual, los cristianos común y corrientes también pudiésemos incurrir: La AUTOJUSTIFICACIÓN.

Los que se justifican a sí mismos proclaman que todo lo que dicen y hacen es correcto. Hay algo que no soportan oír, que otros pongan en tela de juicio su conducta. Por esa razón se rebelan y defienden, agregando que los demás no los comprenden y les juzgan erradamente.

Inmediatamente vuelven la espalda para acusar a otros e impedir que estos les digan la verdad respecto a sí mismos. Los que se autojustifican quieren llevar una armadura para que ninguna crítica pueda penetrarles. No creen necesario luchar contra sus errores, pues se consideran perfectos. Por tanto, nunca penetrarán en los aspectos equivocados de su actitud. Por el contrario, todos los otros errores se nutren, crecen y florecen. Ese es el terrible resultado de una vida de justicia propia. El hombre permanece esclavo de sus pecados y separado de Jesús, no importa cuán piadoso aparente ser pues vive en mentira y permanece aferrado a ella. Sin embargo, sólo si escuchamos y aceptamos la verdad, ésta nos hará libres. “Y conocerán la verdad y la verdad les hará libres” Juan 8, 32

La autojustificación es sin duda un pecado muy grave: esta a la raíz de todos los demás, y tales pecados no serán quebrantados mientras no luchemos contra esta raíz pecaminosa. Este es el pecado del hombre irritado, que siempre quiere tomar represalias ante cualquier posible ataque a su ego; del amargado, que no puede admitir que lo que le amarga tanto es lo que él necesita para purificación de su propia naturaleza pecaminosa; la del “perfecto” que considera que él esta bien mientras el resto del mundo está mal.

Los que se justifican a sí mismos, que no quieren oír la verdad acerca de sus errores y que a menudo mienten cuando tratan de defenderse, viven en una falsedad y, por tanto, pertenecen a Satanás que es mentiroso desde el principio. ¿Pero quién es el que acepta que su autojustificación lo ha hecho esclavo de Satanás y miembro de su reino? Como se llama cristiano, está convencido de que es discípulo de Jesús y miembro de su Reino. Pero Jesús pronuncia las siguientes palabras, muy duras, contra los que se justifican a sí mismos: “Ustedes son los que se las dan de justos delante de los hombres, pero Dios conoce sus corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios.” Lucas 16, 15

¡Cuán terribles son estas palabras que pronuncia Jesús a los que se justifican a sí mismos! Dios los detesta. ¿Por qué? Porque los que se justifican a sí mismos son orgullosos y no admiten que algo esté mal es sus palabras o acciones. Hacer eso les humillaría. Sólo los humildes lo pueden hacer. Los orgullosos y los que se justifican a sí mismos y pretenden no tener mancha, reciben el calificativo de “hipócritas”, que les da Jesús, así como se los dio a los fariseos por el hecho de que vivían en autoengaño.

Tenemos que arrepentirnos de nuestra autojustificación, no importa cuál sea el precio. Debemos hacer todo esfuerzo posible para liberarnos de esta esclavitud. El primer paso (que los hipócritas también tienen que dar, puesto que la hipocresía y la justicia propia generalmente están juntas) es pedir la iluminación de Dios. Porque los que se justifican a sí mismos tienen que oír las palabras de Jesús: “Si fueran ciegos no tendrían pecado; pero, como dicen: ‘Vemos’, su pecado permanece” Juan 9, 41. Los que se justifican a si mismos son ciegos respecto a sí mismos, pues no quieren ver sus propios pecados.

Porque Jesús vino a dar vista a los ciegos, como está escrito en San Lucas 4,18. Él dio la vista a los que padecían ceguera física, ¡cuánto más mostrará su poder dando vista a nuestras almas para que vean nuestros pecados! Su amor quiere hacer esto. Él es la Luz y la Verdad, y quiere enviarnos su Espíritu de Verdad. Nos redimió para que seamos hijos de luz y reconozcamos la verdad con respecto a nosotros, la cual nos hará libres (Jn.8,32). Ciertamente esto lo descubrimos si sinceramente imploramos que se nos dé luz.

El orgullo ciego marcha del brazo con la autojustificación y estos pecados usualmente se purificarán por medio de las correcciones de Dios, experimentadas en el sufrimiento. Por éstas, llegamos a comprender nuestra condición real. Entonces aceptaremos que somos realmente pecadores y cuán apartados nos encontramos de la gloria de Dios (Ap.3:18-19). La corrección, si la aceptamos, hace humildes a los orgullosos. Si ésta nos muestra la verdad con respecto a nosotros mismos y nos ayuda a arrepentirnos, entonces verdaderamente es una gran ayuda. Cuando seamos humillados de este modo, seremos sanados de nuestra orgullosa justicia propia. Habremos recuperado la vista.

Todo pensamiento de justicia propia pierde su poder tan pronto es puesto bajo la sangre de Jesús. En tiempos de quietud y oración, Dios nos mostrará “nuestra viga”. Si no comprendemos alguna acusación o reproche todavía nos queda un camino: pedirle a Dios que nos muestre la verdadera perspectiva por medio de su Espíritu. Entonces comprenderemos claramente que nosotros fuimos los causantes de la situación.

El Señor nos dejo un sacramento utilísimo, el sacramento de la Confesión. Si, después de todo lo anteriormente expuesto nos hemos encontrado en esta penosa situación recordemos que: “Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia” 1 Jn.1,9

Termino recordándoles que esta Misión EWTN depende de la Providencia de Dios para seguir llevando “El Esplendor de la Verdad” hasta los confines de la tierra. Tu eres la providencia de Dios, con tu apoyo económico haces posible que otros encuentren El Camino, La Verdad y la Vida.

El Señor te bendecirá en abundancia por todo lo que hagas por nosotros,

Pepe Alonso