Misa Diaria y Lecturas
¿No puede asistir a la Santa Misa? EWTN le ofrece las lecturas del día para permitirle seguir la Misa diaria en su transmisión por televisión. Las lecturas también son ideales para hallar tiempo durante el día para la reflexión espiritual. Escuche, vea o lea desde la comodidad de su hogar. Esta página incluye las lecturas del día y videos en línea, un recurso para todo el que desee vivir la vida de fe que agrada a nuestro Señor.
Martes 6 de diciembre de 2022
* Escoja la fecha en el calendario para ver las lecturas | Acceso al calendario para personas invidentes
El video para esta fecha no está disponible; si es una fecha reciente, favor de intentar más tarde. Ver el video más reciente
También puede ver la Santa Misa diaria desde Madrid, España,
cortesía de Magnificat.tv
SIGUE LA MISA DIARIA
¡Recibe el eBook de la Guía para la Misa Global Televisada por correo electrónico y celebra la belleza universal de la Misa!
Con textos en español y latín, la Guía para la Misa Global Televisada te guía a lo largo de la Misa diaria que ofrecemos en EWTN.
El Padre Joseph Mary Wolfe dice: «Hemos integrado este pequeño cuadernillo para ti, para ayudarte a unirte a la Iglesia Universal en todo el mundo a cantar las alabanzas del Señor mientras rezamos y cantamos juntos, unidos en el Sagrado Sacrificio de la Misa por EWTN».

San Nicolás, Obispo (Memoria Libre)
IC Novena Day 8
Primera Opción
Segunda Opción
Primera Lectura
Isaías 40:1-11
1Consolad, consolad a mi pueblo, —dice vuestro Dios—.
2Hablad al corazón de Jerusalén
y gritadle que se ha cumplido su servidumbre, y ha sido expiada su culpa; que ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados.
y gritadle que se ha cumplido su servidumbre, y ha sido expiada su culpa; que ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados.
3Una voz grita: «En el desierto preparad el camino del Señor,
en la estepa haced una calzada recta para nuestro Dios.
en la estepa haced una calzada recta para nuestro Dios.
4Todo valle será rellenado,
y todo monte y colina allanados; lo torcido será recto, y lo escarpado, llano.
y todo monte y colina allanados; lo torcido será recto, y lo escarpado, llano.
5Entonces se revelará la gloria del Señor,
y toda carne a una la verá, pues ha hablado la boca del Señor».
y toda carne a una la verá, pues ha hablado la boca del Señor».
6Una voz dice: «¡Grita!».
Yo dije: «¿Qué voy a gritar?». Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor silvestre.
Yo dije: «¿Qué voy a gritar?». Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor silvestre.
7Se agosta la hierba, se marchita la flor
cuando el viento del Señor sopla sobre ellas. En verdad, el pueblo es hierba.
cuando el viento del Señor sopla sobre ellas. En verdad, el pueblo es hierba.
8Se agosta la hierba y se marchita la flor,
pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.
pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.
9Súbete a un monte bien alto,
tú, la que traes buenas noticias a Sión; alza con fuerza tu voz, la que traes buenas noticias a Jerusalén; grita sin temor. Di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios».
tú, la que traes buenas noticias a Sión; alza con fuerza tu voz, la que traes buenas noticias a Jerusalén; grita sin temor. Di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios».
10Mirad, el Señor Dios viene con poder,
y su brazo le somete todo. Mirad que trae su recompensa, y su premio va por delante.
y su brazo le somete todo. Mirad que trae su recompensa, y su premio va por delante.
11Apacienta su rebaño como un pastor,
lo congrega con su brazo, lleva los corderillos en su regazo, y conduce con cuidado a las que están criando.
lo congrega con su brazo, lleva los corderillos en su regazo, y conduce con cuidado a las que están criando.
Salmo Responsorial
Salmo 96:1-3, 10-13
1Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, la tierra entera.
cantad al Señor, la tierra entera.
2Cantad al Señor, bendecid su Nombre,
anunciad, día tras día, su salvación.
anunciad, día tras día, su salvación.
3Proclamad su gloria a las naciones,
sus maravillas a todos los pueblos.
sus maravillas a todos los pueblos.
10Decid a las naciones: «El Señor reina.
Él afianza el orbe, y no vacilará. Él juzga a los pueblos con rectitud».
Él afianza el orbe, y no vacilará. Él juzga a los pueblos con rectitud».
11Alégrense los cielos y exulte la tierra,
brame el mar y cuanto lo llena;
brame el mar y cuanto lo llena;
12que se gocen los campos y cuanto hay en ellos.
Entonces exultarán todos los árboles del bosque
Entonces exultarán todos los árboles del bosque
13ante el Señor, que ya viene,
que viene a juzgar la tierra: juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud.
que viene a juzgar la tierra: juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud.
Evangelio
Mateo 18:12-14
12»¿Qué os parece? Si a un hombre que tiene cien ovejas se le pierde una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte y saldrá a buscar la que se le había perdido?
13Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se habían perdido.
14Del mismo modo, no es voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda ni uno solo de estos pequeños.
Primera Lectura
Isaías 6:1-8
1El año de la muerte del rey Uzías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado. El vuelo de su manto llenaba el Templo.
2Unos serafines se mantenían por encima de Él. Cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban.
3Clamaban entre sí diciendo:
—¡Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos! ¡Llena está toda la tierra de su gloria!
—¡Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos! ¡Llena está toda la tierra de su gloria!
4Retemblaron los soportes de los dinteles por el estruendo del clamor, mientras el Templo se llenaba de humo.
5Entonces me dije:
—¡Ay de mí, estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al Rey, al Señor de los ejércitos!
—¡Ay de mí, estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al Rey, al Señor de los ejércitos!
6Entonces voló hacia mí uno de los serafines portando una brasa que había tomado del altar con unas tenazas,
7tocó mi boca y dijo:
—Mira: esto ha tocado tus labios, tu culpa ha sido quitada, y tu pecado, perdonado.
—Mira: esto ha tocado tus labios, tu culpa ha sido quitada, y tu pecado, perdonado.
8Entonces oí la voz del Señor, que decía:
—¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte? Y respondí: —Aquí estoy. Envíame a mí.
—¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte? Y respondí: —Aquí estoy. Envíame a mí.
Salmo Responsorial
Salmo 40:2, 4, 7-11
2Esperaba confiadamente en el Señor;
Él se inclinó a mí y escuchó mi clamor.
Él se inclinó a mí y escuchó mi clamor.
4Ha puesto en mi boca un cántico nuevo,
una alabanza a nuestro Dios. Muchos, al verlo, temerán y esperarán en el Señor.
una alabanza a nuestro Dios. Muchos, al verlo, temerán y esperarán en el Señor.
7No quisiste sacrificio ni ofrenda,
pero me abriste el oído. No pediste holocausto ni sacrificio de expiación;
pero me abriste el oído. No pediste holocausto ni sacrificio de expiación;
8entonces dije: «Aquí estoy
—como está escrito acerca de mí en el Libro—
—como está escrito acerca de mí en el Libro—
9para hacer tu voluntad, Dios mío».
Ése es mi querer, pues llevo tu Ley dentro de mí.
Ése es mi querer, pues llevo tu Ley dentro de mí.
10He anunciado la justicia en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios, Señor, Tú lo sabes bien.
no he cerrado mis labios, Señor, Tú lo sabes bien.
11No he escondido tu justicia dentro de mi corazón;
he proclamado tu fidelidad y tu salvación, no he ocultado tu bondad y tu lealtad a la gran asamblea.
he proclamado tu fidelidad y tu salvación, no he ocultado tu bondad y tu lealtad a la gran asamblea.
Evangelio
Lucas 10:1-9
1Después de esto designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.
2Y les decía:
—La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies.
—La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies.
3Id: mirad que yo os envío como corderos en medio de lobos.
4No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino.
5En la casa en que entréis decid primero: «Paz a esta casa».
6Y si allí hubiera algún hijo de la paz, descansará sobre él vuestra paz; de lo contrario, retornará a vosotros.
7Permaneced en la misma casa comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el que trabaja merece su salario. No vayáis de casa en casa.
8Y en la ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan;
9curad a los enfermos que haya en ella y decidles: «El Reino de Dios está cerca de vosotros».