Regina Caeli 25 de abril, Beaticación de seis siervos de Dios

Autor: Juan Pablo II

JUAN PABLO II

"REGINA CAELI"
Domingo 25 de abril de 2004

  Deseo dirigir un cordial saludo a los peregrinos que han venido de diversos países para rendir homenaje a los nuevos beatos. 
Saludo con afecto a los señores cardenales, obispos, sacerdotes y demás peregrinos de lengua española aquí presentes. Especialmente a las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, y a las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres, que se alegran por la beatificación de sus respectivas fundadoras. También a las salesianas de España, gozosas del testimonio de sor Eusebia Palomino. Que los nuevos beatos os ayuden y animen a todos hacia la meta de la santidad.

Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de lengua portuguesa, con sus pastores y autoridades, que están de fiesta por la beatificación de Alejandrina de Balasar. Que el Corazón inmaculado de María, de quien fue tan devota, sea puerta de esperanza para la humanidad de nuestro tiempo.

Saludo cordialmente a mis compatriotas. Hoy están de fiesta los salesianos, que reciben un nuevo patrono, el beato Augusto Czartoryski. Os dirijo palabras de particular saludo:  que el ejemplo de vuestro beato hermano consolide vuestro celo, y que su protección e intercesión os sostengan en el servicio diario. Es para mí una alegría personal poder acoger en esta ocasión, en el Vaticano, a la familia del beato, tan benemérita para Polonia. Como obispo de Cracovia, estuve estrechamente unido a ella, sobre todo al prelado mitrado Estanislao Czartoryski. Bendigo de corazón a todos los peregrinos aquí presentes y a los que están unidos a nosotros mediante la radio y la televisión.

Saludo a las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret y a los fieles devotos de la beata Nemesia Valle, en particular a los que provienen de la archidiócesis de Turín. 
Cada uno de los nuevos beatos alimentó una filial y profunda devoción a María santísima. Con esa misma confianza, también nosotros nos dirigimos a ella, implorando que la familia humana encuentre las sendas de la justicia y la paz.

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